Cuando el dolor hay que dejarlo para después por cumplir con una ordenanza.

Muchas veces se dictaminan leyes, reglamentos, ordenanzas, etc., que en el papel se ven bien o en determinados lugares se pueden cumplir sin inconvenientes, pero toda regla tiene su excepción y en ocasiones surgen los inconvenientes y recién cuando toca actuar se visibilizan los problemas frente a las indicaciones surgidas.

Esto viene al caso hoy precisamente cuando está ya en curso la nueva ordenanza N° 963, del 10 de mayo donde se PROHÍBEN LOS VELATORIOS en domicilio y cualquier otro lugar sea cual sea la causa de muerte, y se limita a 90 minutos los servicios, velorios, sepulturas, limitándose a solo 20 personas (familiares más cercanos) por cada servicio. Lo cual debe ser acatado por empresas funerarias, cementerios y familiares de un fallecido.

En este contexto, este domingo 24 se produjo el primer deceso en Laja, el cual afectó a la familia Gallardo Figueroa, con la muerte de su señora madre, una persona de edad ya avanzada y que padecía algunas patologías de base, donde la funeraria a cargo del servicio junto con el cementerio debieron actuar contra el tiempo para darle sepultura como corresponde, contando en todo momento con la comprensión de la familia frente a este nuevo escenario, que impidió el velatorio y la llegada de familiares desde otras ciudades.

Dentro del tiempo establecido, el cortejo, integrado por un reducido número de familiares y amigos, llegó hasta el camposanto lajino (el cementerio antiguo) donde un equipo del cementerio, liderados por el administrador y su contratista, trabajaban presurosos hasta que se encontraron con un serio inconveniente: el terreno donde se ubica la sepultura familiar está compuesto por maicillo y rocas, lo que obligó a los dolientes a esperar pacientes junto a la carroza mortuoria por más de media hora, tiempo en que la cavidad de la sepultura logró estar lista para proceder así a la inhumación.

Imprevistos que no considera la orden sanitaria, que se pudieron sortear por la disposición del personal del cementerio y el municipio, y por la aplicación de debido criterio del administrador del recinto, quien dio las explicaciones de muy buena manera, encontrándose siempre con la disposición de la familia para esperar sin presentar reclamo alguno, pese al dolor que los afligía y al no poder estar acompañados por todos los que ellos quisieran, ya que no alcanzaron a llegar hasta la comuna, o no podían acompañarlos en la sepultación por exceder el número más allá de lo permitido.

La reflexión es que en ocasiones se dictaminan reglamentos en virtud de ciertas circunstancias como las hoy presentes por los peligros que contagio que el COVID-19 presenta, pero estas no siempre se pueden aplicar como están pensadas, los imponderables surgen en terreno, no en el escritorio de quien redacta, más allá de que puedan ser muy valederas, como las circunstancias que hoy obligan, entonces como en todo hay matices, no es todo blanco y negro. Esta nueva reglamentación se podría aplicar tal como está pensada para muertes por covid-19, y para el resto, lo que pudiera considerarse una muerte normal, algunas horas para así enfrenar de mejor manera los servicios fúnebres y sortear los inconvenientes.

Por último, indicar que el cementerio tiene preparados turnos de 24/7, pudiendo sepultar de noche si se presentara una muerte por COVID-19.

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